Fiel a mi promesa de la semana pasada de intentar traeros, al menos, una receta a la semana, aquí estoy. Volvemos a meternos en harina, que ya tocaba y hoy nos vamos al sur, a Málaga.
El mollete, pan blandito por excelencia, es casi plano, casi sin corteza y de miga suave. Hace las delicias de los más pequeños en esos bocatas para el cole. Y nosotros, adultos, nos desvivimos por un mollete tostado con tomate restregado y unas lonchas de buen jamón. Primo cercano de la pita, la diferencia que los caracteriza es que el mollete tiene miga, la pita, en su ausencia, nos presenta ese bolsillo tan característico.
Para conseguir un buen mollete es primordial el equilibrio entre una harina floja y una harina recia o de trigo duro, tan utilizada por el sur; y la adición de algo de grasa, tradicionalmente manteca de cerdo, aunque si no os gusta o preferís unos molletes veganos, podéis cambiarla por la misma cantidad de aceite de oliva, aunque yo os recomiendo que primero los probéis con la manteca, le da una suavidad a la miga, sin aportar sabor, sublime!










